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viernes, diciembre 28, 2007

Parece ser que la economía española va magníficamente desde hace casi 20 años, sin embargo, es la primera vez que las preocupaciones económicas aparecen entre los principales problemas que los españoles ven en sus vidas según el CIS

viernes, diciembre 14, 2007

"Pagar por ser sospechoso es inaceptable"

La frase del día la pone Mariano Rajoy en referencia al canon digital. Acertado.

lunes, diciembre 10, 2007

El impuesto sobre el patrimonio

Quería escribir algo sobre el impuesto sobre el patrimonio pero al encontrar este fantástico artículo en rebelión.org, me callo y dejo que lo disfrutéis vosotros.

Ya no hay dudas. El Impuesto sobre el Patrimonio pasará a la historia tributaria de este país en la próxima legislatura. Los dos únicos partidos con posibilidad de gobernar ya han anunciado formalmente su desaparición aduciendo idénticos motivos: recae sólo sobre las rentas medias, es una antigualla que sólo existe en Francia y en España en el conjunto de la Unión Europea, ya no sirve como instrumento de control de rentas y, sobre todo, es un claro ejemplo de doble imposición (se grava dos veces la misma base imponible). ¿Es esto cierto? ¿Son las clases medias las que realmente pagan los 1.400 millones de euros que recaudan cada año las comunidades autónomas en concepto de Impuesto de Patrimonio? A la luz de los datos no parece que las cosas vayan por ahí.

Veamos. Según la Memoria de la Administración Tributaria correspondiente a 2005 -última publicada-, 920.676 contribuyentes declararon el Impuesto sobre el Patrimonio. La cifra está estancada en el entorno de los 900.000 contribuyentes desde que en el año 2000 se estableciera la exención de la vivienda habitual hasta un valor máximo de 150.253,03 euros, lo que provocó

una disminución considerable del colectivo de declarantes (-11.4%). Quiere decir esto que apenas el 5% de los ocupados (sobre los que en principio recaen las obligaciones tributarias) declara el Impuesto sobre el Patrimonio.

¿Pero pagan todos los contribuyentes por igual? Evidentemente que no. Tiene razón el presidente del Gobierno cuando afirma que ese tributo recae sobre las clases medias, al menos en número, pero olvida decir que quienes realmente pagan el Impuesto sobre el Patrimonio no son las clases medias, sino los más ricos, por lo que serán ellos, por lógica, quienes más se beneficien de una

supresión total. Veamos de nuevo. La Memoria Tributaria dice que los declarantes con un patrimonio neto inferior a 400.000 euros representan nada menos que el 72,1% del número total de contribuyentes (se supone que ahí están las clases medias). Sin embargo, y aquí está la paradoja, esos contribuyentes aportaron únicamente el 24,8% de la base liquidable total, que no es otra cosa

que la base imponible menos las deducciones. Es decir, que tres cuartas partes de los declarantes aportan únicamente la cuarta parte de la recaudación.

Un impuesto de ricos

¿Quiénes pagan, por lo tanto, el impuesto? Pues, evidentemente, los más ricos. El 6,5% de los declarantes, es decir aquellos que cuentan con un patrimonio neto superior al millón de euros (sin incluir las deudas) aporta nada menos que el 41,6% de la base liquidable, por lo que serán ello -quienes cuentan con un patrimonio superior al millón de euros- los que tienen más motivos para estar felices.

Desde luego, no sólo ellos. El tramo más alto de la pirámide del impuesto, es decir aquellos contribuyentes con un patrimonio superior a los 10 millones de euros -1.663 millones de pesetas- serán los más beneficiados. Y es que, como dice la Memoria Tributaria, los 727 contribuyentes que se encontraban en este intervalo en 2005, los cuales representaron menos del 1 por mil del total de declarantes (sí han leído bien), generaron nada menos que el 4,8% de la base liquidable del impuesto, con una media cercana a los 19 millones de euros por contribuyente, cifra que es 61 veces superior a la media global, la cual se situó en 311.164 euros.

Como se ve el nivel de dispersión del impuesto es elevada. La media de patrimonio por declarante son 311.164 euros, pero el patrimonio de los más acaudalados –también como media- es de 19 millones de euros. Unos y otros, sin embargo, se verán beneficiados de la misma manera por la eliminación del impuesto.

Dichos en otros términos. Los contribuyentes con un patrimonio situado entre 110.000 y 200.000 euros pagan al Fisco entre 84 y 155 euros cada año. Por el contrario, quienes cuentan con un patrimonio superior a un millón de euros e inferior a dos millones, pagan a sus respectivas haciendas autonómicas entre 8.136 euros y 22.163 euros. Pero es que quienes tienen un patrimonio superior a los 10 millones de euros tienen una cuota media a ingresar de 111.205 euros. Como se ve, a unos ganarán más que otros con la supresión del Impuesto sobre el Patrimonio. Unos dejarán de pagar 100 euros y otros 100.000.

Habrá quien piense que lo injusto del Impuesto sobre el Patrimonio es que hay que tributar por la vivienda habitual, que ya está suficiente gravada por las tasas municipales, el IVA o el Impuesto de Trasmisiones Patrimoniales. Eso es cierto, pero estamos, de nuevo ante una verdad a medias.

Fondos de inversión y acciones

Los inmuebles urbanos (donde se supone que vive el contribuyente) representan apenas el 55% de la base imponible del tramo de declarantes con menor patrimonio, el resto lo componen, fundamentalmente, depósitos bancarios y fondos de inversión. Lógicamente, el peso la vivienda propia respecto del patrimonio evoluciona en sentido decreciente a medida que aumenta la riqueza del individuo, hasta el punto de que en el tramo de los más ricos -10 millones de euros- la vivienda ni siquiera aparece entre los tres principales elementos del patrimonio. La primera fuente de riqueza de los más ricos son los fondos de inversión; la segunda, los valores de renta variable y la tercera ‘otros bienes y derechos’. Estas tres fuentes de renta son las que ahora no se gravarán por la eliminación del Impuesto sobre el Patrimonio.

Habrá quien piense que el Impuesto sobre el Patrimonio es injusto fundamentalmente porque es extremadamente costoso. Veamos los datos. El tipo efectivo de gravamen (no el nominal, ya que hay que tener en cuenta el juego de deducciones) se sitúa en el 0,421%, pero con una característica fundamental: el impuesto es progresivo, por lo que pagan más los que más tienen como, por cierto, proclama la Constitución.

* Carlos Sánchez es un periodista económico español que escribe regularmente en el periódico digital El Confidencial.

domingo, septiembre 09, 2007

El éxito de una empresa sorprendente.

Con 21 años Ricardo Semler le dijo a su padre que o le dejaba la empresa familiar en sus manos o no quería saber más nada de ella. En su primer día como CEO (Chief Exectuve Officer) despidió al 60% de los directivos.
Esta es la historia de Semco, una empresa sorprendente, que ha pasado de facturar 4 millones de dólares (en 1981, cuando Semler cogió las riendas) a facturar 212 millones de dólares en el año 2003. En los últimos catorce años, Semco ha crecido un 27.5% anual. En el año 2005, Semler sufrió una accidente de tráfico y debatiéndose entre la vida y la muerte no pudo asistir durante una larga temporada al trabajo: no pasó nada. Su compañía siguió firmando contratos y creciendo durante esa temporada.
¿Cuál es el secreto? El secreto es que cuando tenía 25 años, el corazón de Semler empezó a fallar, o eso pensaba él. No fallaba, sencillamente sufría de estrés y el médico le advirtió que si no cambiaba su forma de vida no le duraría mucho. Hacía falta reestructurar su vida y su vida era su empresa: hacía falta reestructurar la empresa.
Semco dejaría de trabajar bajo una estructura piramidal y empezarían a crearse grupos de trabajo autónomos. Los obreros saben mejor que los directivos como hacer su trabajo, ellos mismos se organizarían. Ellos eligirían sus horarios, cuantas horas hacer, cuales debían ser los objetivos, los procedimientos. Los obreros acabaron eligiendo el color de sus monos de trabajo y el color con el que pintar la fábrica. Este modelo fue pasado a las oficinas, se crearon grupos de trabajo independientes que no debían llamar a nadie en caso de duda. Se derribaron los muros de los despachos, se eliminaron a las secretarias ofreciéndoles formación y otros empleos (algunas de ellas llegaron a ser jefas de secciones). Si un directivo quería decirle algo a marketing, tenía que ir él mismo a marketing. Si un directivo quería hacer fotocopias, tenía que hacerlas por si mismo.
Los cambios funcionaron, y funcionaron muy bien. ¿Así que por qué no llevarlos más allá? Se decidió que los trabajadores deberían rotar sus puestos cada cierto tiempo, adquiriendo experiencia en todos los puestos y eligiendo ellos mismos en qué sectores se sentían más a gusto. Y entonces pensaron: si ellos saben muy bien cómo trabajar, ellos deben saber cuanto quieren cobrar. Y así fue, se les preguntó cuanto deseaban cobrar y se les concedió. Se aprobó un plan según el cual si la empresa sufría pérdidas los trabajadores ganarían menos, y si la empresa iba bien, ganarían más.
Pero los cambios no acabaron ahí, la experiencia acumulada por los trabajadores en todos los sectores, les permitía estar bien formados para la toma de decisiones, y se les concedió la oportunidad de demostrarlo. Cada trabajador tiene un voto en la toma de decisiones de Semco, y el de Ricardo Semler vale exactamente igual que el de cualquier otro.
Hoy nadie llama a Ricardo Semler para dirigir su propia empresa. Él toma parte de las decisiones como uno más, y si quiere prolonar sus vacaciones, llama a las oficinas y les dice que las prolonga, como cualquier otro trabajador de Semco puede hacer. Como le sobraba tiempo, decidió escribir su historia y publicó un libro: Radical, el éxito de una empresa sorprendente.

viernes, enero 26, 2007

La productividad por habitante

Amanece el día con la noticia económica del momento: el paro no ha estado tan bajo desde 1979, estamos cerca del 8% y parece ser que estamos muy cerca de alcanzar el 7%, y parece que todo va viento en popa. ¿No? Nuestra economía crece por encima de la media de la Unión Europea, el paro baja, ... Todos están de acuerdo en que la economía española va bien, ¿o no?. Pues no, la economía española es un auténtico desastre que anuncia un naufragio a medio y corto plazo que si no se corrige pronto va a ser inevitable. ¿Por qué?
La economía a corto plazo no puede producir más, los factores que la rigen no cambian a corto plazo y en teoría se encuentran en equilibrio, es decir, que todo tiende a volver a la situación anterior. Un ejemplo: si el gobierno aumenta su gasto público, el efecto inmediato es que la producción del país aumenta, pero a medio plazo los precios se disparan y esto hace que la producción se reajuste. La economía solo puede crecer a largo plazo si se varía un factor muy importante: lo que se produce por trabajador. Es decir, cuanto produce cada trabajador, el coeficiente de rendimiento de un trabajador: por cada euro que invertimos en un trabajador, cuanto nos devuelve éste. Y sólo hay dos formas de hacer crecer este coeficiente: mediante la acumulación de capital o mediante la preparación del trabajador, es decir, que esté mejor formado y que cuente con mejores medios a su alcance: innovación tecnológica.
La acumulación de capital es el procedimiento por el cual un país se ve envuelto en una fase de ahorro intenso, en el que apenas se consume y casi todo lo que se produce se destina a la acumulación de capital, es lo que ha hecho Japón desde la Segunda Guerra Mundial, y es lo que está haciendo China ahora mismo. La acumulación de capital es un método rápido de crecimiento pero llega un punto en el que por más que se acumule capital la economía no crece más, a eso se le llama rendimientos de escala y es uno de los principales motivos por los que la economía soviética dejó de crecer en los ochenta. Sólo la tecnología puede variar los rendimientos de escala y conseguir que un trabajador sea capaz de producir más, un ejemplo:
Imaginemos una oficina con veinte trabajadores cuyos únicos medios son el bolígrafo y el papel. Ahora imaginemos que la oficina realiza una inversión y adquiere un ordenador para que sus empleados trabajen con el consiguiente aumento en la productividad. Si la oficina a lo largo del tiempo va comprando ordenadores para todos sus empleados realiza una acumulación de capital cuyo resultado es un aumento en su productividad, pero una vez hay veinte ordenadores, uno más no sirve de nada. Si los ordenadores mejoran y se vuelven más rápidos y eficaces, tenemos una mejora tecnológica que puede mejorar una vez más la productividad de los empleados.
Es decir, a largo plazo, la economía de un país está muy subordinada a la productividad por habitante. Como podemos observar en el gráfico chapucero que he hecho con los datos del INE (Instituto Nacional de Estadística), el PIB por trabajador a partir de 1996 decrece ligeramente. Es decir, nuestra productividad por habitante no sólo no aumenta, sino que desciende.